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martes, 10 de marzo de 2009

Catamarca o el principio del fin del 'kirchnerismo'.

Noticia:


La derrota electoral del peronismo fiel al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el domingo en la pequeña y pobre provincia de Catamarca (noroeste de Argentina), fue interpretada por los partidos opositores como la primera de una serie de derrotas que va a sufrir el kirchnerismo en este año de comicios legislativos.

El ministro del Interior de Argentina, Florencio Randazzo, reaccionó diciendo que las elecciones catamarqueñas tenían sólo un "perfil provincial". Tal vez olvidaba que el ex presidente argentino y actual jefe del Partido Justicialista (PJ, peronista), Néstor Kirchner, había visitado esa provincia la semana pasada y había advertido que aquélla no era una "elección más".

De las 23 provincias y la Capital Federal de Argentina, Catamarca es la vigésima en cantidad de población, con 388.000 personas, el 1% del total. Los catamarqueños eligieron el domingo diputados y senadores provinciales. En octubre llegará el turno para que todos los argentinos voten por los legisladores nacionales. Sin embargo, fue la primera cita electoral del año en Argentina, la primera de los 15 meses de Gobierno de Fernández y la primera después de que el conflicto agrario de 2008 supusiera una ruptura del kirchnerismo, por una parte, con aliados radicales —con el vicepresidente de la nación, Julio Cobos, a la cabeza— y recientemente con peronistas. Catamarca era una de las provinciales gobernadas por el radicalismo que se alió a Kirchner apenas llegó a la Casa Rosada, en 2003.

Aquel año, en las elecciones a gobernador, Kirchner había apoyado al radical Eduardo Brizuela del Moral frente al sindicalista peronista Luis Barrionuevo, que en tiempos de su correligionario Carlos Menem (1989-1999) había pronunciado una frase inmortalizada: "Tenemos que dejar de robar por lo menos dos años". En las elecciones de 2007, Brizuela del Moral apoyó el binomio Fernández-Cobos, pero apenas comenzó la crisis agraria el gobernador catamarqueño abandonó el kirchnerismo para volver a las filas de la Unión Cívica Radical (UCR). Después, el vicepresidente argentino siguió sus pasos al votar en contra de la subida de impuestos a los agricultores, aunque aún no ha retornado formalmente a la UCR.

Fracaso del kirchnerismo

Las elecciones de Catamarca podrían haber sido insignificantes para el mapa nacional, pero Kirchner no quiso que venciera un ex aliado, que además contaba con el apoyo de Cobos, uno de los políticos más populares de Argentina después de su alejamiento del kirchnerismo. Así, el jefe del PJ pactó con su ex enemigo Barrionuevo, que en 2008 había creado una central sindical opositora al Gobierno, y con el ex gobernador catamarqueño Ramón Saadi, que cayó en 1990 después de un crimen que destapó años de feudalismo en la provincia. Ni los leales a Kirchner comprendieron por qué se aliaba con semejantes personajes sólo para vengarse de Cobos.

La apuesta de Kirchner fue un fracaso. El radicalismo (ex kirchnerista) logró el 46% de las votaciones a diputados, frente al 35% del peronismo y el 19% atomizado entre otros partidos (incluidos peronistas disidentes, la Coalición Cívica, de Elisa Carrió, y fuerzas opuestas a la minería por el impacto ambiental y el reparto de los beneficios económicos). En vísperas de los comicios, los aliados de Kirchner, Barrionuevo y Saadi, vaticinaron la derrota peronista. El día de las urnas, el sindicalista adjudicó toda la culpa al ex presidente y el ex gobernador anunció que dejaba el grupo parlamentario del PJ kirchnerista, que cada vez está más lejos de la mayoría en el Senado argentino.

El presidente de la UCR, Gerardo Morales —que ahora teje una alianza con Carrió y Cobos para la contienda nacional de octubre—, dijo que la victoria en Catamarca marcaba una "tendencia" hacia las elecciones de mitad del mandato del Gobierno de Fernández, que finaliza en 2011. El peronismo disidente y sus nuevos aliados conservadores de Propuesta Republicana (Pro) coincidieron con algunos líderes agrarios en que el resultado catamarqueño suponía el principio del fin del kirchnerismo. Cobos aclaró que él no había ganado el domingo y que la población había elegido "respeto y coherencia". Fue una elección con denuncias de clientelismo contra ambos lados.

Kirchner no podrá bajar la guardia para octubre, pero lo tiene difícil. En tres de los cuatro principales distritos (la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Córdoba y Santa Fe), el electorado se divide entre opositores. Tal vez él apuesta por ser elegido diputado en la jurisdicción restante, la mayor de todas, la provincia de Buenos Aires, donde en los sectores más empobrecidos algunos recuerdan los buenos años de su Gobierno (2003-2007) y, aunque resulte extraño para ciertos analistas, los distinguen de los que está protagonizando su esposa.


Comentario:

¿Se cumplirá el pronóstico?

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