Noticia:
Saad Hariri, designado primer ministro de Líbano tras su triunfo electoral el 7 de junio, ha arrojado la toalla. Seguramente, el presidente, Michel Suleiman, le encargará de nuevo la tarea de formar gobierno porque resulta inconcebible que otro dirigente pueda acometer la misión. Pero tres meses después de su victoria, el magnate -líder de la coalición prooccidental que consiguió 70 de los 128 escaños en los comicios- anunció ayer su fracaso a la hora de constituir un Ejecutivo de unidad nacional con Hezbolá y sus socios cristianos, la única alternativa que permitirá garantizar la estabilidad de un país convulso como pocos y sometido a los manejos de las potencias extranjeras como casi ninguno.
Hariri, líder de los musulmanes suníes, propuso el lunes un Gabinete que fue inmediatamente rechazado por el movimiento chií Hezbolá y su principal aliado, el partido del ex general cristiano maronita Michel Aoun. La coalición triunfadora y la oposición están de acuerdo en el reparto de poder. La fórmula 15-10-5 (15 ministros para los prooccidentales, 10 para la oposición y cinco designados por el presidente Suleiman) otorga en la práctica el derecho de veto a Hezbolá sobre los asuntos que, según el pacto constitucional, exigen mayoría de dos tercios. Pero la disputa sobre la identidad de los elegidos para las diferentes carteras se ha revelado insalvable.
La controversia gira en torno al nombramiento de Yibran Bassil -yerno de Aoun- como ministro de Telecomunicaciones. Hariri se opone rotundamente y argumenta que Bassil no logró vencer en su distrito en las elecciones. La oposición alega que tiene derecho a elegir a sus miembros en el Gabinete. Ambas partes se acusan del bloqueo institucional.
Líbano está habituado a vivir en el vacío político. Ha sido capaz de sobrevivir meses sin presidente, y años con el Gobierno incapaz de adoptar decisiones cruciales en medio del marasmo político y la violencia política. Los analistas descartan a corto plazo que los partidos prooccidentales vuelvan a enfrentarse a Hezbolá y sus acólitos a tiro limpio como sucediera en mayo de 2008, cuando el movimiento chií tomó Beirut en una demostración de fuerza incontestable. La razón es sencilla. Sometido permanentemente a las injerencias de Siria e Irán, por un lado, y de Arabia Saudí y EE UU, por otro, Damasco y Riad pactaron que la violencia amainase después de una oleada de ataques políticos que conmocionó al país tras el asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, padre de Saad, en febrero de 2005. Probablemente, será imprescindible que saudíes y sirios presionen a sus leales en Líbano para que el nuevo Gobierno vea la luz.
Ahora toca reiniciar un proceso en el que Hezbolá y sus socios -que perdieron los comicios debido al sistema electoral, aunque cosecharon casi 200.000 votos más que los vencedores- han demostrado de nuevo que nada se puede hacer sin su consentimiento, entre otros motivos porque el presidente es reacio a aceptar un Ejecutivo sin el beneplácito de Hezbolá. Mientras, y es imprevisible saber por cuánto tiempo, el primer ministro, Fuad Siniora, seguirá en el cargo en funciones.
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viernes, 11 de septiembre de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
La policía libanesa busca espías de Israel en la zona supervisada por tropas españolas.
Noticia:
La policía libanesa mantiene una operación contra una supuesta célula de espías que trabaja para Israel en el sur del país, zona contralada por las tropas españolas enmarcadas en la misión FINUL de Naciones Unidas. La actuación comenzó durante la reciente campaña electoral y, aunque aún no ha concluido, ha deparado ya la detención de un número indeterminado de personas.
La operación afecta directamente al trabajo que los militares españoles desarrollan en el sur de Líbano, donde se encuentran desplegados para salvaguardar el alto el fuego entre ambos países. El jefe de la misión española en el país asiático, general José María Prieto, ha informado hoy de dichos problemas a la ministra de Defensa, Carme Chacón, durante una videoconferencia.
Por error, las agencias de noticias han informado de que el ejército español participaba activamente en la misión contra la célula de espías, dato que ha recogido ELPAÍS.com pero que Defensa ha negado categóricamente.
Durante su informe a la ministra, el general Prieto ha destacado la "tranquilidad y normalidad" del proceso electoral y las elecciones celebradas en pasado domingo en Líbano y eso ha sido debido, según ha agregado, al plan de seguridad puesto en marcha por el Gobierno libanés.
Desde la base de Marjayún, el general ha indicado que los días previos a los comicios el contingente español aumentó sus patrullas de vigilancia, pero "hoy todo ha vuelto a la normalidad".
Asimismo, ha anunciado que los militares españoles comenzarán el desminado humanitario de la denominada "línea azul", en la zona fronteriza entre Líbano e Israel.
Por su parte, la ministra ha felicitado al contingente español, integrado por unos 1.100 militares, por su "ejemplar" trabajo en conjunto con las fuerzas libanesas.
La policía libanesa mantiene una operación contra una supuesta célula de espías que trabaja para Israel en el sur del país, zona contralada por las tropas españolas enmarcadas en la misión FINUL de Naciones Unidas. La actuación comenzó durante la reciente campaña electoral y, aunque aún no ha concluido, ha deparado ya la detención de un número indeterminado de personas.
La operación afecta directamente al trabajo que los militares españoles desarrollan en el sur de Líbano, donde se encuentran desplegados para salvaguardar el alto el fuego entre ambos países. El jefe de la misión española en el país asiático, general José María Prieto, ha informado hoy de dichos problemas a la ministra de Defensa, Carme Chacón, durante una videoconferencia.
Por error, las agencias de noticias han informado de que el ejército español participaba activamente en la misión contra la célula de espías, dato que ha recogido ELPAÍS.com pero que Defensa ha negado categóricamente.
Durante su informe a la ministra, el general Prieto ha destacado la "tranquilidad y normalidad" del proceso electoral y las elecciones celebradas en pasado domingo en Líbano y eso ha sido debido, según ha agregado, al plan de seguridad puesto en marcha por el Gobierno libanés.
Desde la base de Marjayún, el general ha indicado que los días previos a los comicios el contingente español aumentó sus patrullas de vigilancia, pero "hoy todo ha vuelto a la normalidad".
Asimismo, ha anunciado que los militares españoles comenzarán el desminado humanitario de la denominada "línea azul", en la zona fronteriza entre Líbano e Israel.
Por su parte, la ministra ha felicitado al contingente español, integrado por unos 1.100 militares, por su "ejemplar" trabajo en conjunto con las fuerzas libanesas.
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Líbano.
martes, 9 de junio de 2009
La división del voto cristiano libanés da el triunfo a los prooccidentales.
Noticia:
Sorpresa y vuelta a empezar. La coalición del 14 de Marzo, protegida de Estados Unidos y Francia, cosechó contra todo pronóstico, en las elecciones legislativas del domingo, 71 de los 128 escaños, frente a 57 de la oposición prosiria liderada por Hezbolá y obediente a Irán.
Los resultados oficiales de los comicios, anunciados ayer, deparan tres acontecimientos indiscutibles. Saad Hariri, hijo de Rafik, el magnate asesinado en febrero de 2005, renueva su poderío y se erige en figura clave del panorama político libanés. El caudillo maronita Michel Aoun, aliado de Hezbolá, se convierte en víctima de la división del voto cristiano y en el gran derrotado de los comicios. Y tercero, Hezbolá, el partido-milicia chií, arrasa en sus bastiones del sur. Su líder, Hasan Nasralá, apareció anoche en televisión para anunciar la aceptación de la derrota de su alianza.
Otra vez en la primera casilla. Sobre el tablero libanés perduran los escollos que condujeron al país al borde del abismo en mayo de 2008. La alianza del 14 de Marzo asegura que rechazará conceder a Hezbolá derecho de veto en un eventual Gobierno de unidad, la fórmula que permitió salvar la crisis hace un año, cuando la milicia chií se apoderó de Beirut a raíz de una disputa por el control de un sistema de comunicaciones paralelo del que dispone Hezbolá. Pero los pactos constitucionales exigen la presencia de todas las sectas en las instituciones, y la adopción de decisiones trascendentales por mayoría de dos tercios. Un boicoteo del movimiento chií podría propiciar una nueva parálisis política tras las elecciones que más incertidumbre han provocado en décadas.
El voto de los armenios cristianos, los ortodoxos y los maronitas -unido a la compra masiva de sufragios por ambos bandos- ha sido decisivo en dos circunscripciones en las que Aoun ha recibido un golpe demoledor: Zahle, en el centro del país, y el distrito maronita beirutí de Ashrafieh. Ninguno de los 10 diputados cristianos en liza en estas circunscripciones cayó en el saco del Movimiento Patriótico Libre, el partido del ex general. Los maronitas se decantaron por las derechistas Falanges -dirigidas por la estirpe Gemayel- y por las Fuerzas Libanesas, encabezadas por otro líder feudal y protagonista sanguinario de la guerra civil (1975- 1990), Samir Geagea.
No cabe duda de que Aoun -ex primer ministro y ex jefe del Ejército, y protagonista al final de la fratricida contienda civil, cuando se enfrentó a sangre y fuego a los soldados sirios- ha apostado fuerte en su alianza con Hezbolá. Aduce el líder maronita, que emigró 15 años al exilio parisiense por su enfrentamiento con el ex presidente sirio Hafez el Asad, que los soldados sirios ya abandonaron el país, y que a partir de ese momento ya no guarda animadversión contra el régimen de Damasco.
Sin embargo, la ambición por alcanzar la presidencia también figura entre los motivos de ese pacto con la potente organización chií. "Aoun se apoya en el bastón de Hezbolá, y eso le ha pasado factura entre los maronitas", asegura un analista político. Las advertencias en vísperas de las elecciones del patriarca maronita y cardenal de la Iglesia católica, Nasralá Sfeir, también pusieron su granito de arena. "Debemos trabajar duro", afirmó Sfeir, "para abortar todos los planes, que, si tienen éxito, podrían cambiar la cara de Líbano". A buen entendedor sobran palabras.
Occidente respiró ayer aliviado, mientras Siria alegaba que el descomunal fraude ha "falseado las elecciones". El Gobierno francés y la Casa Blanca -"Es nuestra esperanza que el próximo Ejecutivo continúe el camino para construir un Líbano soberano independiente y estable", declaró Barack Obama- dieron la bienvenida a los resultados y al triunfo de sus peones libaneses. Aludía Obama a la influencia siria sobre Líbano. El mismo argumento que también emplean Hezbolá y sus satélites, que acusan a Washington, París y Arabia Saudí de injerencias en los asuntos internos del país. Nadie duda en Líbano de que ambos bandos tienen razón: Siria e Irán, por un lado, y Estados Unidos y Francia, por otro, no pierden ocasión de meter las manos en Líbano.
Ya ayer reaparecieron problemas esenciales debatidos en los últimos años. Diputados prooccidentales exigieron a Hezbolá -que hace de la resistencia contra Israel una de sus razones de ser- que entregue sus armas. "Ese asunto ni se plantea para su discusión", aseguró Mohamed Raad, diputado de Hezbolá.
Comentario:
La derrota electoral de Hezbolá no necesariamente significa que entreguen las armas. Sería ingenuo suponerlo.
Sorpresa y vuelta a empezar. La coalición del 14 de Marzo, protegida de Estados Unidos y Francia, cosechó contra todo pronóstico, en las elecciones legislativas del domingo, 71 de los 128 escaños, frente a 57 de la oposición prosiria liderada por Hezbolá y obediente a Irán.
Los resultados oficiales de los comicios, anunciados ayer, deparan tres acontecimientos indiscutibles. Saad Hariri, hijo de Rafik, el magnate asesinado en febrero de 2005, renueva su poderío y se erige en figura clave del panorama político libanés. El caudillo maronita Michel Aoun, aliado de Hezbolá, se convierte en víctima de la división del voto cristiano y en el gran derrotado de los comicios. Y tercero, Hezbolá, el partido-milicia chií, arrasa en sus bastiones del sur. Su líder, Hasan Nasralá, apareció anoche en televisión para anunciar la aceptación de la derrota de su alianza.
Otra vez en la primera casilla. Sobre el tablero libanés perduran los escollos que condujeron al país al borde del abismo en mayo de 2008. La alianza del 14 de Marzo asegura que rechazará conceder a Hezbolá derecho de veto en un eventual Gobierno de unidad, la fórmula que permitió salvar la crisis hace un año, cuando la milicia chií se apoderó de Beirut a raíz de una disputa por el control de un sistema de comunicaciones paralelo del que dispone Hezbolá. Pero los pactos constitucionales exigen la presencia de todas las sectas en las instituciones, y la adopción de decisiones trascendentales por mayoría de dos tercios. Un boicoteo del movimiento chií podría propiciar una nueva parálisis política tras las elecciones que más incertidumbre han provocado en décadas.
El voto de los armenios cristianos, los ortodoxos y los maronitas -unido a la compra masiva de sufragios por ambos bandos- ha sido decisivo en dos circunscripciones en las que Aoun ha recibido un golpe demoledor: Zahle, en el centro del país, y el distrito maronita beirutí de Ashrafieh. Ninguno de los 10 diputados cristianos en liza en estas circunscripciones cayó en el saco del Movimiento Patriótico Libre, el partido del ex general. Los maronitas se decantaron por las derechistas Falanges -dirigidas por la estirpe Gemayel- y por las Fuerzas Libanesas, encabezadas por otro líder feudal y protagonista sanguinario de la guerra civil (1975- 1990), Samir Geagea.
No cabe duda de que Aoun -ex primer ministro y ex jefe del Ejército, y protagonista al final de la fratricida contienda civil, cuando se enfrentó a sangre y fuego a los soldados sirios- ha apostado fuerte en su alianza con Hezbolá. Aduce el líder maronita, que emigró 15 años al exilio parisiense por su enfrentamiento con el ex presidente sirio Hafez el Asad, que los soldados sirios ya abandonaron el país, y que a partir de ese momento ya no guarda animadversión contra el régimen de Damasco.
Sin embargo, la ambición por alcanzar la presidencia también figura entre los motivos de ese pacto con la potente organización chií. "Aoun se apoya en el bastón de Hezbolá, y eso le ha pasado factura entre los maronitas", asegura un analista político. Las advertencias en vísperas de las elecciones del patriarca maronita y cardenal de la Iglesia católica, Nasralá Sfeir, también pusieron su granito de arena. "Debemos trabajar duro", afirmó Sfeir, "para abortar todos los planes, que, si tienen éxito, podrían cambiar la cara de Líbano". A buen entendedor sobran palabras.
Occidente respiró ayer aliviado, mientras Siria alegaba que el descomunal fraude ha "falseado las elecciones". El Gobierno francés y la Casa Blanca -"Es nuestra esperanza que el próximo Ejecutivo continúe el camino para construir un Líbano soberano independiente y estable", declaró Barack Obama- dieron la bienvenida a los resultados y al triunfo de sus peones libaneses. Aludía Obama a la influencia siria sobre Líbano. El mismo argumento que también emplean Hezbolá y sus satélites, que acusan a Washington, París y Arabia Saudí de injerencias en los asuntos internos del país. Nadie duda en Líbano de que ambos bandos tienen razón: Siria e Irán, por un lado, y Estados Unidos y Francia, por otro, no pierden ocasión de meter las manos en Líbano.
Ya ayer reaparecieron problemas esenciales debatidos en los últimos años. Diputados prooccidentales exigieron a Hezbolá -que hace de la resistencia contra Israel una de sus razones de ser- que entregue sus armas. "Ese asunto ni se plantea para su discusión", aseguró Mohamed Raad, diputado de Hezbolá.
Comentario:
La derrota electoral de Hezbolá no necesariamente significa que entreguen las armas. Sería ingenuo suponerlo.
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Líbano.
lunes, 8 de junio de 2009
La coalición prooccidental gana las legislativas en Líbano.
Noticia:
El líder del proyecto prooccidental libanés, Saad Hariri, ha proclamado la victoria de la coalición que dirige, la Alianza 14 de Marzo, en los comicios legislativos celebrados ayer en el país, donde competía con el proyecto prosirio liderado por Hezbolá. "Es un gran día para la historia del Líbano democrático", ha afirmado Hariri ante sus partidarios, a quienes felicitó por haber ayudado a "obtener la libertad y la democracia" para el país.
Los libaneses se volcaron ayer en las urnas para despejar una incógnita crucial para al porvenir inmediato del país. En masa y vigilados por decenas de miles de soldados, los votantes, conscientes de que los comicios eran los más importantes en décadas, inundaron los colegios. Ciegos, mutilados y heridos en camilla fueron acompañados a votar. La participación -el 45% en 2005- se elevó hasta el 54% de los 3,2 millones de electores en un país en el que buena parte de sus nacionales emigraron.
Líbano, hogar de 18 confesiones religiosas, optaba entre dos proyectos antagónicos: reforzar los vínculos con Occidente o tejer lazos más sólidos con Siria e Irán. La coalición del 14 de Marzo, que agrupa a suníes, drusos y parte de la dividida comunidad cristiana, respaldada por Estados Unidos, se ha alzado con el triunfo. Contará, a falta del escrutinio oficial, con unos 70 de los 128 escaños.
Simpatizantes de todos los partidos hicieron guardia a las puertas de los colegios para repartir papeletas e impedir argucias fraudulentas de sus contrincantes, aunque los expertos aseguran que la compra de votos ha sido norma, especialmente en los distritos con presencia cristiana, donde se disputaban los escaños decisivos.
Desafío de Hezbolá
Hezbolá y sus aliados cristianos -la dividida secta que dictó sentencia en sus distritos- habían desafiado al bloque prooccidental. A la espera de los resultados oficiales que se anunciarán hoy, los nervios se relajaron pasada la medianoche cuando la alianza respaldada por Damasco y Teherán aceptaba implícitamente la derrota. "Líbano está gobernado por una coalición y cualquiera que sea al resultado, no podemos cambiar el delicado equilibrio y repetir experiencias del pasado que condujeron a Líbano a la catástrofe. Quien desee estabilidad política, preservar la unidad nacional y la resurrección del país no tendrá otra opción que aceptar el principio del consenso", declaró Hassan Fadlala, dirigente de Hezbolá.
Todo apunta a que la situación política se mantendrá inamovible. Los movimientos chiíes Hezbolá y Amal y el Frente Patriótico Libre del ex general maronita Michel Aoun (Coalición del 8 de Marzo) forzaron con una sentada de meses a las puertas de la sede del Gobierno y con la toma de Beirut por sus milicias en mayo de 2008 su inclusión en el Ejecutivo y lograron el derecho de veto en el Gabinete.
Inestabilidad
No obstante, la estabilidad nunca está garantizada. Entre otros motivos porque Hezbolá, que abandera la resistencia contra Israel, ha prometido continuar su rearme. Y porque, según comenta un irónico observador, "Líbano se mueve a golpe de misiva procedente del extranjero". Se envían desde Washington y París; desde Siria e Irán. Ninguno de los dos bloques esconde sus lealtades. Cuatro años después de que las potencias occidentales forzaran a Siria a retirar sus tropas, Damasco no renuncia a ejercer su influencia, y el respaldo de Irán a Hezbolá es bien conocido: gran parte de la reconstrucción de los suburbios chiíes de Beirut, devastados por Israel en 2006, se ha llevado a cabo con fondos persas y buena parte de sus armas proceden de Teherán.
El futuro Ejecutivo tendrá que lidiar con un país ingobernable, un Parlamento que apenas es convocado, y en el que los problemas -corrupción, deuda pública, asesinatos políticos sin resolver, y la construcción por Hezbolá de un Estado paralelo, incluida su milicia- se acumulan sin resolverse, al tiempo que brotan otros nuevos. Lo que sin duda propician los resultados es la continuidad de la ayuda financiera estadounidense y saudí.
"Si la coalición del 14 de Marzo excluye a Hezbolá y sus aliados del Gobierno, solo inflamará la tensión. No es realista", advertía la víspera de los comicios Elias Hanna, profesor de Ciencias Políticas. Queda por ver si los partidos que rechazan la influencia siria en Líbano mantienen el actual pacto político, que otorga a la oposición un tercio de los asientos en el Gabinete y derecho de veto.
Una fuente próxima a la alianza vencedora apuntaba anoche las consecuencias del veredicto electoral: "Occidente va a estar más tranquilo e Irán pierde una baza negociadora con Estados Unidos". Y en el frente interno tampoco augura grandes cambios. "De alguna forma o de otra, se acordará que Hezbolá y sus socios mantengan su poder de veto". Precisamente lo que exigía anoche el partido-milicia chií. La coyuntura internacional -el presidente Barack Obama plantea políticas más conciliatorias en Oriente Próximo que su predecesor- tampoco alienta el caos. Los analistas apuestan por un Gobierno de unidad.
Comentario:
Era optar por la vida y la cooperación con occidente o decidirse por el terrorismo y la muerte de inocentes.
El líder del proyecto prooccidental libanés, Saad Hariri, ha proclamado la victoria de la coalición que dirige, la Alianza 14 de Marzo, en los comicios legislativos celebrados ayer en el país, donde competía con el proyecto prosirio liderado por Hezbolá. "Es un gran día para la historia del Líbano democrático", ha afirmado Hariri ante sus partidarios, a quienes felicitó por haber ayudado a "obtener la libertad y la democracia" para el país.
Los libaneses se volcaron ayer en las urnas para despejar una incógnita crucial para al porvenir inmediato del país. En masa y vigilados por decenas de miles de soldados, los votantes, conscientes de que los comicios eran los más importantes en décadas, inundaron los colegios. Ciegos, mutilados y heridos en camilla fueron acompañados a votar. La participación -el 45% en 2005- se elevó hasta el 54% de los 3,2 millones de electores en un país en el que buena parte de sus nacionales emigraron.
Líbano, hogar de 18 confesiones religiosas, optaba entre dos proyectos antagónicos: reforzar los vínculos con Occidente o tejer lazos más sólidos con Siria e Irán. La coalición del 14 de Marzo, que agrupa a suníes, drusos y parte de la dividida comunidad cristiana, respaldada por Estados Unidos, se ha alzado con el triunfo. Contará, a falta del escrutinio oficial, con unos 70 de los 128 escaños.
Simpatizantes de todos los partidos hicieron guardia a las puertas de los colegios para repartir papeletas e impedir argucias fraudulentas de sus contrincantes, aunque los expertos aseguran que la compra de votos ha sido norma, especialmente en los distritos con presencia cristiana, donde se disputaban los escaños decisivos.
Desafío de Hezbolá
Hezbolá y sus aliados cristianos -la dividida secta que dictó sentencia en sus distritos- habían desafiado al bloque prooccidental. A la espera de los resultados oficiales que se anunciarán hoy, los nervios se relajaron pasada la medianoche cuando la alianza respaldada por Damasco y Teherán aceptaba implícitamente la derrota. "Líbano está gobernado por una coalición y cualquiera que sea al resultado, no podemos cambiar el delicado equilibrio y repetir experiencias del pasado que condujeron a Líbano a la catástrofe. Quien desee estabilidad política, preservar la unidad nacional y la resurrección del país no tendrá otra opción que aceptar el principio del consenso", declaró Hassan Fadlala, dirigente de Hezbolá.
Todo apunta a que la situación política se mantendrá inamovible. Los movimientos chiíes Hezbolá y Amal y el Frente Patriótico Libre del ex general maronita Michel Aoun (Coalición del 8 de Marzo) forzaron con una sentada de meses a las puertas de la sede del Gobierno y con la toma de Beirut por sus milicias en mayo de 2008 su inclusión en el Ejecutivo y lograron el derecho de veto en el Gabinete.
Inestabilidad
No obstante, la estabilidad nunca está garantizada. Entre otros motivos porque Hezbolá, que abandera la resistencia contra Israel, ha prometido continuar su rearme. Y porque, según comenta un irónico observador, "Líbano se mueve a golpe de misiva procedente del extranjero". Se envían desde Washington y París; desde Siria e Irán. Ninguno de los dos bloques esconde sus lealtades. Cuatro años después de que las potencias occidentales forzaran a Siria a retirar sus tropas, Damasco no renuncia a ejercer su influencia, y el respaldo de Irán a Hezbolá es bien conocido: gran parte de la reconstrucción de los suburbios chiíes de Beirut, devastados por Israel en 2006, se ha llevado a cabo con fondos persas y buena parte de sus armas proceden de Teherán.
El futuro Ejecutivo tendrá que lidiar con un país ingobernable, un Parlamento que apenas es convocado, y en el que los problemas -corrupción, deuda pública, asesinatos políticos sin resolver, y la construcción por Hezbolá de un Estado paralelo, incluida su milicia- se acumulan sin resolverse, al tiempo que brotan otros nuevos. Lo que sin duda propician los resultados es la continuidad de la ayuda financiera estadounidense y saudí.
"Si la coalición del 14 de Marzo excluye a Hezbolá y sus aliados del Gobierno, solo inflamará la tensión. No es realista", advertía la víspera de los comicios Elias Hanna, profesor de Ciencias Políticas. Queda por ver si los partidos que rechazan la influencia siria en Líbano mantienen el actual pacto político, que otorga a la oposición un tercio de los asientos en el Gabinete y derecho de veto.
Una fuente próxima a la alianza vencedora apuntaba anoche las consecuencias del veredicto electoral: "Occidente va a estar más tranquilo e Irán pierde una baza negociadora con Estados Unidos". Y en el frente interno tampoco augura grandes cambios. "De alguna forma o de otra, se acordará que Hezbolá y sus socios mantengan su poder de veto". Precisamente lo que exigía anoche el partido-milicia chií. La coyuntura internacional -el presidente Barack Obama plantea políticas más conciliatorias en Oriente Próximo que su predecesor- tampoco alienta el caos. Los analistas apuestan por un Gobierno de unidad.
Comentario:
Era optar por la vida y la cooperación con occidente o decidirse por el terrorismo y la muerte de inocentes.
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Líbano.
sábado, 6 de junio de 2009
Lucha sin cuartel en las urnas por el futuro de Líbano.
Noticia:
A cara de perro, los candidatos libaneses peleaban ayer para conseguir el apoyo de cada elector para unos comicios legislativos que mañana decidirán si el siempre convulso país se decanta por mantener un Gobierno prooccidental que disfrute del abierto respaldo de Estados Unidos o si regresan al poder los partidarios de la influencia siria en Líbano. Se augura una elevadísima participación entre los 3,2 millones de potenciales votantes, muy conscientes de que, al fin y al cabo, sea cual sea el resultado, el futuro depende en gran medida de lo que se decida en Teherán, Washington, Damasco y París.
Nada se deja al azar. Sólo en los tres últimos días más de 20.000 libaneses han regresado para ejercer su derecho al sufragio. Los partidos se acusan mutuamente de pagar los billetes de avión, hoteles y gastos a los viajeros. Los hallazgos de carnés de identidad falsos y las acusaciones de compra de votos, una tradición histórica, se multiplican. La pugna es reñida a más no poder entre el movimiento chií Hezbolá y sus aliados -el partido del ex general maronita Michel Aoun, el grupo chií Amal y otros socios prosirios- y el bloque favorable a recabar el respaldo de Occidente: una alianza entre parte de los cristianos, los drusos -Walid Yumblat- y suníes -Saad Hariri-. Es precisamente en varias circunscripciones con nutrida presencia cristiana donde se dictará el veredicto.
Las encuestas auguran que el bloque vencedor sólo disfrutará de un par de diputados de ventaja. Más de un centenar de los 128 escaños -el pacto constitucional de los años cuarenta fija su distribución al 50% entre musulmanes y cristianos- están ya asignados porque el sistema electoral propicia la componenda entre los caudillos de todas las sectas, y en muchos de los 26 distritos sólo competirá una lista, sin rival alguno.
En pocos países del mundo se aprecia la injerencia de las potencias extranjeras como en Líbano, un Estado que no se halla ante una encrucijada. Vive en ella permanentemente y arrastra problemas inmensos: un Gobierno semiparalizado por el derecho de veto del que goza la actual oposición prosiria, una deuda pública descomunal, un reguero de asesinatos políticos que pocos confían en que un día se resolverán y las secuelas de la destrucción causada por Israel en la guerra de 2006.
Con todo, los analistas políticos pronostican que ningún bloque desea choques armados como los que colocaron a Líbano al borde de otra guerra civil en mayo de 2008, cuando Hezbolá tomó al asalto la mitad de Beirut sin despeinarse. La coyuntura regional e internacional -especialmente la presencia en la Casa Blanca de Barack Obama y su apertura a Damasco y Teherán- tampoco alimenta los ánimos bélicos.
Es esa permanente injerencia lo que más temen los libaneses de a pie. Maruan, un economista druso, leal al bloque prooccidental, lo expresaba con claridad meridiana: "Aunque ganen las elecciones Hezbolá y sus aliados, Estados Unidos y Francia deben seguir ayudando al país".
Comentario:
Podrían entonces denominarse unos comicios por la paz.
A cara de perro, los candidatos libaneses peleaban ayer para conseguir el apoyo de cada elector para unos comicios legislativos que mañana decidirán si el siempre convulso país se decanta por mantener un Gobierno prooccidental que disfrute del abierto respaldo de Estados Unidos o si regresan al poder los partidarios de la influencia siria en Líbano. Se augura una elevadísima participación entre los 3,2 millones de potenciales votantes, muy conscientes de que, al fin y al cabo, sea cual sea el resultado, el futuro depende en gran medida de lo que se decida en Teherán, Washington, Damasco y París.
Nada se deja al azar. Sólo en los tres últimos días más de 20.000 libaneses han regresado para ejercer su derecho al sufragio. Los partidos se acusan mutuamente de pagar los billetes de avión, hoteles y gastos a los viajeros. Los hallazgos de carnés de identidad falsos y las acusaciones de compra de votos, una tradición histórica, se multiplican. La pugna es reñida a más no poder entre el movimiento chií Hezbolá y sus aliados -el partido del ex general maronita Michel Aoun, el grupo chií Amal y otros socios prosirios- y el bloque favorable a recabar el respaldo de Occidente: una alianza entre parte de los cristianos, los drusos -Walid Yumblat- y suníes -Saad Hariri-. Es precisamente en varias circunscripciones con nutrida presencia cristiana donde se dictará el veredicto.
Las encuestas auguran que el bloque vencedor sólo disfrutará de un par de diputados de ventaja. Más de un centenar de los 128 escaños -el pacto constitucional de los años cuarenta fija su distribución al 50% entre musulmanes y cristianos- están ya asignados porque el sistema electoral propicia la componenda entre los caudillos de todas las sectas, y en muchos de los 26 distritos sólo competirá una lista, sin rival alguno.
En pocos países del mundo se aprecia la injerencia de las potencias extranjeras como en Líbano, un Estado que no se halla ante una encrucijada. Vive en ella permanentemente y arrastra problemas inmensos: un Gobierno semiparalizado por el derecho de veto del que goza la actual oposición prosiria, una deuda pública descomunal, un reguero de asesinatos políticos que pocos confían en que un día se resolverán y las secuelas de la destrucción causada por Israel en la guerra de 2006.
Con todo, los analistas políticos pronostican que ningún bloque desea choques armados como los que colocaron a Líbano al borde de otra guerra civil en mayo de 2008, cuando Hezbolá tomó al asalto la mitad de Beirut sin despeinarse. La coyuntura regional e internacional -especialmente la presencia en la Casa Blanca de Barack Obama y su apertura a Damasco y Teherán- tampoco alimenta los ánimos bélicos.
Es esa permanente injerencia lo que más temen los libaneses de a pie. Maruan, un economista druso, leal al bloque prooccidental, lo expresaba con claridad meridiana: "Aunque ganen las elecciones Hezbolá y sus aliados, Estados Unidos y Francia deben seguir ayudando al país".
Comentario:
Podrían entonces denominarse unos comicios por la paz.
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Líbano.
sábado, 23 de mayo de 2009
Biden visita Líbano para apoyar a los rivales de Hezbolá.
Noticia:
Estados Unidos sigue con gran atención las cruciales elecciones legislativas que celebrará Líbano en dos semanas. Unos comicios que se auguran reñidísimos, en los que el partido-milicia Hezbolá y sus aliados pueden obtener mayoría parlamentaria. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, hizo ayer una visita tan fugaz como cargada de intención. "No vengo a apoyar a ningún partido político", aseguró Biden, que, sin embargo, dejó claro que sí prefiere la actual mayoría prooccidental al afirmar que la ayuda que el país árabe recibe de Washington dependerá de quién se siente en el nuevo Gobierno. Antes de que aterrizara en Beirut, Hezbolá le acusó de "entrometerse" en los asuntos libaneses.
Las tensiones resurgen en Líbano a medida que se aproxima el 7 de junio, cuando se votará el Parlamento que elegirá al Gabinete que sustituya el actual Gobierno de unidad nacional, encabezado por los antisirios, pero en el que Hezbolá tiene poder de veto. En las urnas se medirán los dos grandes bloques políticos en los que está fracturada la sociedad libanesa: los partidos prooccidentales antisirios -apoyados por EE UU y Arabia Saudí- que ahora ostentan una ajustada mayoría parlamentaria, y la alianza que encabeza el movimiento Hezbolá, respaldada por Siria e Irán.
Biden no mencionó a Hezbolá, al que EE UU tiene en su lista de organizaciones terroristas, pero su mensaje al electorado sonó nítido: "Pido encarecidamente a aquellos tentados a apoyar a los que estropean la paz que no pierdan esta oportunidad de alejarse de ellos". Biden tampoco se anduvo por las ramas al explicar que la actitud estadounidense no será la misma ganen unos u otros: "Evaluaremos nuestros programas de asistencia en función de la composición del Gobierno y de sus políticas". Washington ha ayudado al Ejército libanés desde 2006 -tras la guerra que enfrentó a Israel y Hezbolá- con 290 millones de euros para contrarrestar el poder de la resistencia chií.
La versión oficial de la Casa Blanca es que la visita es una muestra de apoyo a la "independencia y soberanía" de este pequeño país que siempre ha sido un tablero en el que se han jugado intereses extranjeros. Para Hezbolá, en cambio, la presencia de Biden justo ahora es un burdo intento de entrometerse en asuntos internos. En palabras de un diputado del partido-milicia chií, "parece que EE UU quiere supervisar la campaña de un partido que se siente políticamente amenazado" por una posible victoria de los islamistas. Muestra del interés estadounidense por lo que ocurra en Líbano es que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, estuvo hace sólo un mes y que desde George Bush padre, en 1983, ningún vicepresidente de EE UU había recalado allí.
Líbano ha vivido el último año una cierta estabilidad desde la elección como presidente de Michel Suleimán, el ex jefe del Ejército y hombre neutral, tras dos años de fortísimas tensiones que paralizaron las instituciones. Un mitin de Hezbolá reunió a decenas de miles de personas, antes de que Biden partiera, para celebrar el aniversario de la retirada israelí en 2000.
Comentario:
En política, siempre simpatizas con un gobierno determinado sobre otro. Todo depende de la posición que asuma el contrario.
Estados Unidos sigue con gran atención las cruciales elecciones legislativas que celebrará Líbano en dos semanas. Unos comicios que se auguran reñidísimos, en los que el partido-milicia Hezbolá y sus aliados pueden obtener mayoría parlamentaria. El vicepresidente estadounidense, Joe Biden, hizo ayer una visita tan fugaz como cargada de intención. "No vengo a apoyar a ningún partido político", aseguró Biden, que, sin embargo, dejó claro que sí prefiere la actual mayoría prooccidental al afirmar que la ayuda que el país árabe recibe de Washington dependerá de quién se siente en el nuevo Gobierno. Antes de que aterrizara en Beirut, Hezbolá le acusó de "entrometerse" en los asuntos libaneses.
Las tensiones resurgen en Líbano a medida que se aproxima el 7 de junio, cuando se votará el Parlamento que elegirá al Gabinete que sustituya el actual Gobierno de unidad nacional, encabezado por los antisirios, pero en el que Hezbolá tiene poder de veto. En las urnas se medirán los dos grandes bloques políticos en los que está fracturada la sociedad libanesa: los partidos prooccidentales antisirios -apoyados por EE UU y Arabia Saudí- que ahora ostentan una ajustada mayoría parlamentaria, y la alianza que encabeza el movimiento Hezbolá, respaldada por Siria e Irán.
Biden no mencionó a Hezbolá, al que EE UU tiene en su lista de organizaciones terroristas, pero su mensaje al electorado sonó nítido: "Pido encarecidamente a aquellos tentados a apoyar a los que estropean la paz que no pierdan esta oportunidad de alejarse de ellos". Biden tampoco se anduvo por las ramas al explicar que la actitud estadounidense no será la misma ganen unos u otros: "Evaluaremos nuestros programas de asistencia en función de la composición del Gobierno y de sus políticas". Washington ha ayudado al Ejército libanés desde 2006 -tras la guerra que enfrentó a Israel y Hezbolá- con 290 millones de euros para contrarrestar el poder de la resistencia chií.
La versión oficial de la Casa Blanca es que la visita es una muestra de apoyo a la "independencia y soberanía" de este pequeño país que siempre ha sido un tablero en el que se han jugado intereses extranjeros. Para Hezbolá, en cambio, la presencia de Biden justo ahora es un burdo intento de entrometerse en asuntos internos. En palabras de un diputado del partido-milicia chií, "parece que EE UU quiere supervisar la campaña de un partido que se siente políticamente amenazado" por una posible victoria de los islamistas. Muestra del interés estadounidense por lo que ocurra en Líbano es que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, estuvo hace sólo un mes y que desde George Bush padre, en 1983, ningún vicepresidente de EE UU había recalado allí.
Líbano ha vivido el último año una cierta estabilidad desde la elección como presidente de Michel Suleimán, el ex jefe del Ejército y hombre neutral, tras dos años de fortísimas tensiones que paralizaron las instituciones. Un mitin de Hezbolá reunió a decenas de miles de personas, antes de que Biden partiera, para celebrar el aniversario de la retirada israelí en 2000.
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En política, siempre simpatizas con un gobierno determinado sobre otro. Todo depende de la posición que asuma el contrario.
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Líbano.
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