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24 de noviembre del 2009.
El sistema está viejo.
Dice el senador Manlio Fabio Beltrones que el sistema político mexicano es un molde viejo y anquilosado, construido para el tiempo del PRI, del que difícilmente pueden salir nuevos acuerdos, por lo que es necesario reformarlo.
Frente a esta “valiente” declaración surgen muchas preguntas. Una de ellas es, ¿por qué hasta ahora el diagnóstico? Otra es: ¿Beltrones se atrevería a hacerla si en Los Pinos estuviera un miembro de su partido?
Otra muy importante consiste en cuestionar si ¿alguna vez fue un buen molde? Mi respuesta es negativa, porque fue un molde impuesto a la fuerza y bajo amenaza. Pero lo que fue, ya fue.
En el presente, esta declaración invita a la risa porque Beltrones habla de que no hay voluntad de cambio en los actores políticos y advierte que la parálisis persistirá. ¿En esta afirmación ¿incluirá a su partido?
Hoy, acepta, hay signos de parálisis que se buscan superar. Pero nuevamente cabe la pregunta: ¿Por qué el PRI, que tiene mayoría en el Congreso no demostró voluntad política al diseñar una reforma fiscal verdaderamente aberrante?
Esta afirmación podría haberla dicho cualquier priísta en la década de los treintas, de los cuarentas, de los cincuentas, de los sesentas o los setentas: “Si no hay voluntad de transformación real, los riesgos persisten y se acumulan”. Ya el país vivió en el pasado momentos de hartazgo y esas frases fueron dichas y repetidas.
Cuando Beltrones dice y rechaza que el PRI busque obstaculizar al gobierno, yo en lo personal no le creo por la sencilla razón que es parte del discurso demagógico que le hemos escuchado los mexicanos. Que a algunos se les olvide, ese es su problema.
Pero el partido en el poder no está libre de culpas y sospechas. El gobierno en turno puede argumentar que los cambios son obstaculizados por la oposición, pero si tuvieran mayoría en el Congreso ¿los harían o simplemente seguirían saboreando las mieles del poder?
Beltrones insiste sobre los cambios fiscales que el país necesita, al asegurar que todos deben pagar impuestos, ¿entonces por qué no aceptaron un impuesto del 2 por ciento generalizado al consumo?
Insisto: no le creo cuando afirma que lo anterior permitirá un Estado fuerte. Según él, nos recuerda que ya propusieron construir un Acuerdo Nacional Fiscal, tema en el que seguramente se pondrán de acuerdo, si existe la voluntad y se escucha la voz de distintos sectores. Pero yo le recuerdo que cuando el presidente Calderón convocó a los diversos sectores a analizar una reforma petrolera, fue criticado. No olvidar la frase de “que se faje los pantalones”.
Ahora resulta que propone reducir la tasa del IVA del 16% al 12%, “pero donde todos paguen, segundo, reducir el impuesto sobre la renta (ISR) a 25%, pero donde todos paguen; tercero, revisar íntegramente los regímenes e impuestos especiales para que todos paguen; y, cuarto, simplificar el pago de impuestos: para que, sin pretexto, todos cumplan”.
Otra vez pregunto: ¿Por qué hasta ahora?
Más difícil me resulta aceptar esta afirmación: “El PRI siempre ha estado dispuesto a los acuerdos, entendemos que el país vive momentos críticos y que son necesarias salidas institucionales. Esto será posible si encontramos coincidencias, anteponemos el interés público y no imponemos visiones únicas.
El PRI nunca ha estado dispuesto a los acuerdos; ha impuesto su santa voluntad producto del monopolio político que ejerció durante décadas. El país siempre ha vivido momentos difíciles y el PRI nunca ha podido superarlos. La pobreza insultante sigue ahí y la realidad es que ningún partido ha sido capaz de proponer algo coherente. A todos les importa un cacahuate el interés público. El PAN pone de excusa no tener mayoría parlamentaria y el PRD se esconde bajo la cortina de un supuesto fraude electoral y de una mafia que tiene el poder, como si ellos mismos no fueran una mafia.