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martes, 5 de enero de 2010

Las fuertes nevadas llevan el caos a Reino Unido.

Noticia:


Las bajas temperaturas y las fuertes nevadas registradas en las últimas horas han causado el caos en el transporte aéreo y ferroviario en el norte de Reino Unido.

La oficina meteorológica nacional ha alertado que durante la jornada de hoy se espera que la nieve alcance hasta 25 centímetros de espesor en algunas regiones del país. Asimismo, el centro meteorológico ha dicho que los temporales de nieve se trasladarán hacia el sur, llegando a Londres entre hoy y mañana.

Durante la noche, el aeropuerto de Manchester ha estado cerrado a causa de la nieve mientras que el aeródromo de Leeds ha cancelado sus vuelos. Los servicios ferroviarios también han sufrido cancelaciones e importantes retrasos por culpa de las condiciones meteorológicas adversas. El servicio se ha visto especialmente afectado en los trenes que circulan desde Escocia y el norte de Inglaterra hacia Londres.

Las autoridades también han advertido del peligro de viajar por carretera y han pedido que se extremen las precauciones en los desplazamientos al encontrarse "congeladas" muchas vías de circulación. En las últimas horas, en algunas zonas se han registrado bruscas bajas de temperatura de más de diez grados centígrados.

Por su parte, el servicio de emergencias británico ha informado que ayer recibió más de 25.000 llamadas, lo que hizo que la jornada fuese el día con más carga de trabajo del último año.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Los laboristas frenan su desplome en los sondeos.

Noticia:


El primer ministro británico, Gordon Brown, ha preferido hoy estar en la cumbre sobre el cambio climático en Copenhague en lugar de afrontar su duelo parlamentario semanal con el líder del Partido Conservador, David Cameron. Sin cuestionar la sinceridad con la que Brown afronta el problema del calentamiento de la tierra, el cambio de agenda -su llegada a Copenhague no estaba prevista hasta mañana, jueves, y él la adelantó al martes- tiene mucho que ver con el frenético periodo pre-electoral que vive la política británica.

Los laboristas se acercan a los tories en los sondeos y el primer ministro quiere aprovechar cualquier oportunidad para proyectar su imagen de estadista. Una táctica que le dio buenos -aunque efímeros- resultados durante la crisis financiera mundial.

Los conservadores siguen manteniendo una ventaja considerable en los sondeos, pero los publicados en los últimos días reflejan una recuperación del laborismo que hace pensar a algunos que quizás el resultado no está tan decidido como parecía hace dos meses.

En el sondeo de ICM publicado el lunes por The Guardian, los conservadores han caído del 42% al 40% y los laboristas han subido del 29% al 31%, recortando a nueve puntos una diferencia que hace un mes era de 13 y hace dos meses era de 17 puntos. En dos de los tres sondeos publicados el domingo, los laboristas también recortan entre tres y cuatro puntos. Un tercer sondeo, sin embargo, aumenta de 13 a 17 puntos la ventaja conservadora.

Hay consenso entre los analistas al explicar la recuperación de Gordon Brown en sus recientes ataques directos a la actual dirección conservadora por sus orígenes elitistas. Hay más discrepancias al analizar si ese tipo de ataques de clase, que han puesto muy nervioso al conservador Cameron, pueden tener un efecto duradero.

Cameron ha conseguido unir al Partido Conservador en torno a él y convertirlo en gran favorito. Pero no ha logrado convencer a los británicos de que el partido ha cambiado tanto como su dirección: los votantes siguen desconfiando de los tories y cualquier ataque que debilita a su líder recorta las expectativas del partido.

Y Brown ha atacado directamente a Cameron y su equipo al acusarles de ser los mismos elitistas de Eton que tradicionalmente han dominado a los conservadores. Un ataque semejante en unas elecciones parciales, meses atrás, tuvo consecuencias desastrosas para los laboristas. Esta vez parecen haber cuajado porque la retórica ha ido acompañada de políticas fiscales dirigidas a gravar a las clases más pudientes y, muy en particular, a los banqueros. La decisión de gravar al 50% los bonos de más de 27.000 euros que se reparte la banca en este ejercicio tiene el apoyo de más del 70% de los británicos.

En este ambiente, a los tories les han perjudicado dos cosas: su obsesión en defender drásticos recortes del gasto público cuando el público aún no percibe el final de la crisis y la polémica sobre la condición de exiliados fiscales del principal financiador del partido, lord Ashcroft, y de uno de los jóvenes leones conservadores: el muy pijo Zac Goldsmith.

miércoles, 22 de abril de 2009

Brown se ahoga en números rojos.

Noticia:


Gordon Brown parece tener el agua al cuello. Las encuestas auguran una derrota del laborismo en las próximas elecciones, que se esperan para la primavera de 2010 pese a la creciente presión tory para que se celebren en junio próximo, coincidiendo con las europeas. Los últimos escándalos políticos parecen haber abortado cualquier esperanza seria de recuperación del laborismo y la economía se está convirtiendo en el previsible caballo de batalla de los comicios.

Es un territorio en el que Brown y los laboristas siempre se encontraron cómodos desde que llegaron al poder en 1997, pero que se ha convertido en terreno minado desde el estallido de la crisis financiera, que ha dejado la economía británica en números rojos. Hasta la inflación es negativa por primera vez desde 1960.

El Partido Laborista parece vivir momentos de fin de reinado. La figura del líder de la oposición, David Cameron, se consolida día a día pese a estar aún lejos de las cotas que alcanzaba Tony Blair hace ya más de dos lustros, cuando el Nuevo Laborismo creó una primavera política que acabaría enterrada en los desiertos de Irak con la ayuda inestimable del llamado spin -la permanente manipulación de la agenda político- mediática- y el fracaso, al menos aparente, de la reforma de los servicios públicos.

Reino Unido parece caminar inexorablemente hacia la alternancia. La cumbre del G-20, publicitada de manera frenética por la maquinaria gubernamental, no ha conseguido enderezar la deriva de Gordon Brown. Apenas acallados los ecos del paso por Londres del presidente de EE UU, Barack Obama, y su estela de renovación y optimismo, estalló la polémica sobre el comportamiento de la policía en las manifestaciones de protesta contra la cumbre y enseguida el laborismo le ha entregado a los medios una de esas historias obsesivas que tardan tantas semanas en dejar la primera página: el llamado caso McBride. Se trata de un asunto típico de fin de ciclo: un asesor de máxima confianza del primer ministro que conspira en la sombra para poner en marcha una sórdida campaña de desprestigio de los principales líderes de la oposición. Se trataba de extender por Internet rumores escabrosos sobre la vida privada del líder tory, Cameron, y su lugarteniente George Osborne.

Brown ha acabado disculpándose, pero tarde y mal: forzado por las circunstancias y con la boca menos que pequeña. Dos encuestas divulgadas esta semana ofrecen resultados contradictorios sobre los efectos de ese conflicto. El diario pro laborista The Guardian otorga a los conservadores una ventaja de 10 puntos, dos menos que hace un mes. El conservador The Sunday Telegraph dispara esa ventaja a 17 puntos, cinco puntos más que hace tres semanas.

La encuesta del Guardian, aunque deja la puerta abierta en términos puramente electorales, es muy negativa para el laborismo en los detalles: un 45% confía más en los conservadores y sólo un 35% en los laboristas para sacar al país de la recesión. La economía, que promete ser el principal campo de batalla de las elecciones, era el terreno en el que mejor se han manejado los laboristas durante años. En gran parte porque los tories dejaron un país socialmente roto y con los servicios públicos más desprestigiados que nunca tras la larga etapa thatcherista. Pero en parte también porque Tony Blair y Gordon Brown rompieron la imagen de malos gestores criada durante el siglo XX por el Partido Laborista y encadenaron una formidable etapa de crecimiento económico.

Eso se ha acabado. El Gobierno aceptará hoy, en la presentación de los presupuestos, que la recesión es mucho más grave de lo que creía, que el déficit público llegará este año fiscal a los 170.000 millones de libras (más de 190.000 millones de euros, un 11% del PIB) y que el paro aumenta también más de lo esperado.

Pero a los laboristas les queda un cartucho en la cartera: ser el primer país europeo que salga de la recesión. Siguiendo la estela dejada por Washington la semana pasada, el Gobierno británico y algunos expertos están empezando a ver "tallos verdes" que anuncian quizás que el final de la recesión está más cerca de lo que se piensa. No está claro si esas visiones confunden los deseos con la realidad, pero ésa puede ser una tabla de salvación para Gordon Brown: todos entramos en crisis porque el mundo es como es, pero los británicos salimos antes del problema gracias a mí...


Comentario:

Pues los números rojos son suficientes para hundirlo.